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Archive for the ‘Barrios’ Category

El Hombre de Corrientes y Esmeralda me invitó a escribir en su blog ¿Qué significa para mí Buenos Aires? Pueden leer la respuesta en este link

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A propósito del día del amigo.

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Les cuento a los distinguidos lectores que con unos amigos decidimos hacer un blog sobre la ciudad de Buenos Aires. Acabamos de empezar a construirlo y la intención es que tod@s puedan participar comentando y/o aportando notas. Los que vivimos o aquellos que conocieron Buenos Aires sabrán que existe una enorme cantidad de historias tejidas a su alrededor que, de a poco, nos proponemos contar. Pero tampoco intenta ser un blog de historia, porque pretende generar un espacio que logre contribuir con el entendimiento y el disfrute de la ciudad.

La idea del blog no es hacer algo para turistas ocasionales o visitantes de paso. En principio es un blog para porteños o para personas que conocen bien la ciudad y quieren conocerla aun más. Es un lugar donde intentamos que los lectores se encuentren con cosas que, en otro momento encontraron y poder darle nuevo giro y una nueva dimensión o para encontrar cosas nuevas que contribuyen con la entidad y el desarrollo de Buenos Aires.

Pasen y vean: http://andaba.blogspot.com .

andaBA

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Mediodía del martes, de este martes, del otro martes, del martes pasado o de un martes cualquiera. Calle peatonal Florida, la de los negocios, la de la gente, la de las oficinas, la de los turistas, la de los celulares por todos lados, la de los panfleteros, vendedores de cueros, compradores de baratijas, artesanos crónicos. Todo está lleno, la superficie se encuentra cubierta, todo circula como una inmensa masa descoordinada. Una aglomeración preocupada por todo y por nada, cínica y abyecta.

Todos hablan por celular, miran los celulares, envidian los celulares de otros. Fruncen sus ceños por no escuchar claramente lo que le quieren decir, fruncen el ceño por entender lo que le están diciendo. Fruncen el ceño, todos fruncen el ceño. Un anciano junta cartones, un impúber cartonea ilusiones de dólares. Ambos tienen el ceño fruncido. Un maremágnum de pordioseros con sus ceños fruncidos adornan las orillas de la calle.

Hasta los músicos que habitan esas calles fruncen el ceño, los folcloristas con su falsa impronta telúrica, los tangueros ávidos de turistas con cámaras atiborradas de megapíxeles, hijos bastardos de pandillas rumanas masacrando sus acordeones de plástico, cantantes de ópera representando el pánico que les produce la scala, desgarbados imitadores de Dylan con guitarras pero sin talento, mutilados, parias, soñadores, ilusionistas. Todos fruncen el ceño, todos menos uno.

Al final de la calle Florida cuando se interpone casi esplendorosa la Avenida de Mayo, un jóven bandoneonista solitario hace una rara versión de “Nunca tuvo novio”, decide no cantarla, pero no soporta no tararearla. Nadie se detiene, nadie lo escucha, todos lo esquivan. Sólo está acompañado por un hombre dueño de muchísimos años, de cejas enormes, de orejas puntiagudas y de expresión seria que lo escucha de pie y con los brazos cruzados.

Una vez terminada la interpretación de la pieza, el viejo se le acerca aún más y le suelta un “otra” a viva voz. El joven, tímido aunque orgulloso le da las gracias asintiendo con la cabeza y dejando escapar una sonrisa, la única sonrisa que vi en Florida este martes. En un giro misterioso, con voz aún más fuerte y el ceño aún más fruncido, el anciano vocifera: -¡otra, otra, otra… otra vez hasta que la aprendas, burro!-mientras se retiraba del lugar vilipendiando al músico y a su instrumento.

Al ver la situación del músico que extraviado intentaba olvidar lo sucedido y se prestaba a tocar “por una cabeza” a fin de intentar atraer la atención de algún turista, una mujer lo palmea en la espalda le pregunta: -¿cómo te llamás?-

– Ricciardi, Héctor Ricciardi, le contesta entre escrupuloso y desconcertado

– A mí me gusta mucho como tocás, te escucho desde la oficina todo el día mientras completo las planillas aunque ese tango no me gusta, quizás porque yo tampoco nunca tuve novio- le respondió ella mientras su mirada se perdía lentamente.

El joven que no sabía si agradecerle o disculparse comenzó a interpretar “mala entraña” ya sin esperanzas de ser escuchado por alguna persona. La señora siguió su rumbo camino a Plaza San Martín eludiendo a su paso repartidores de panfletos, promotoras de perfumes y vendedores de celulares.

Al llegar exactamente al extremo opuesto de la calle Florida, la mujer se detiene un instante en la joyería Ricciardi. Con un suspiro piensa “si algún día tengo un novio quiero que me regale un anillo de esta casa o un anillo y un collar… aunque sólo me conformaría con un novio”.

No sé si este relato cumple con lo pautado en el MEME propuesto por Mati, pero a veces en la calle Florida se encuentran más cosas que en el mismísimo Google.

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buenos aires

Tenía que encontrar uno. ¿Cómo puede ser que después de haber visto tantos durante tantos años en algunos instantes todos ellos hayan desaparecido? ¿Dónde están? ¿Quién se los llevó? Decidí encontrar alguno, al menos uno, para recordarlos más vivamente, para volver a escuchar sus ruedas sobre las baldosas, para no ponerme a pensar en teorías absurdas acerca de su extinción.

Decidí caminar hacia el trabajo y volver por otra ruta, garantizando de esa forma pasar por los mercados que existan camino a mi casa. Me aseguré durante un par de días de localizar todos los almacenes, mini mercados, supermercados chinos e hipermercados que existieran por la zona para diseñar una ruta que pudiese cubrir a todos ellos. (más…)

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Subo apurado a un taxi. Me siento e intento acomodar la computadora entre mis piernas. El asiento me parece muy bajo así que trato de incorporarme un poco.

Buenas tardes, hasta Perón y Maipú, por favor

¿Cangallo y cuál? – me responde mirando fijo por el espejo retrovisor.

Perón y Maipú. Maipú

Perfecto, vamos a Cangallo y Maipú

Termino de acomodarme deduciendo que había entendido perfectamente y que el problema no había sido mi absurda falta de modulación y pregunto:

¿Le seguís diciendo Cangallo a Perón? (hace aproximadamente 20 años se cambió el nombre de la calle Cangallo por Perón)

See… lo odio a Perón

¿Y quién era Cangallo?

No tengo ni la menor idea – me respondió con un absurdo movimiento de hombros.

y, por casualidad, ¿me podrías decir porqué fue importante Don Maipú? Siempre me intrigó saber quién era ese chabón. – le pregunté intentando evidenciar que me estaba burlando de él.

Mirá, no estoy del todo seguro. Pero creo que fue el primer argentino en viajar a Europa (sic). – me contestó sin acusar recibo por mi “chiste” sobre el “boncha” de Maipú.

¡Uh! Qué groso debe haber sido ese chabón – le contesté como interesado, intentando, ahora, esconder el chiste.

Afortunadamente la mayoría de los porteños no sabemos quiénes son esos extraños seres que alguna vez se llamaron como las calles de la ciudad. De otra forma generaría tantas disputas que deberíamos numerarlas en vez de nombrarlas. No contento con lo vivido decidí volver al ruedo e intentar evidenciar la estupidez que me estaba diciendo.

Cangallo: ¿no fue una batalla de San Martín cuando cruzó lo Andes?

Se, se, se. Ahora que me “LA” decís me acuerdo. Una que los cagó a cuetazos.

Ahora, que mal gusto ponerlo a Perón entre Mitre y Sarmiento, ¿no te parece?

Es un desastre. Si el hijo de puta ese nunca fue a la escuela

¿Quién?

Perón ¿quién va a ser?

Ah, no sabía. ¿Y Mitre?

Ese me chupa un huevo.

Me recosté sobre el asiento entendiendo porqué estaba la sintonía de su radio fija en Radio 10 y recordaba que en 1913 el entonces Diputado Mario Bravo había propuesto cambiar el nombre de Cangallo por el de Alberdi y, el también diputado José Félix Uriburu, se había negado invocando una disposición de Rivadavia.

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Aparentemente la suerte de Mónica en Colombia fue mejor que en Argentina. A las pruebas me remito: en Baranquilla nombraron una calle en su honor. Me parece que está buena, pero que no es para tanto.

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Otro que se ganó un lugarcito, en este caso una calle de Manhattan, fue Jean Claude… un groso

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