El lunes 4 de enero murió el mítico cantante argentino Roberto Sánchez más conocido como Sandro. De esta forma el “Gitano” cumplió con el último escalón que posee la escalera que conduce a una persona del estado de ídolo al de leyenda.
Por supuesto, la construcción de leyendas exige una serie de hipérboles que le permitan ganar el primer lugar en todo. La siempre patética Susana Giménez lo catapultó como el hombre que mejor besaba en el mundo. Algunos famosos lo compararon con el mismísimo Carlos Gardel y más de 50.000 personas lloraron desconsoladamente durante toda la madrugada esperando poder ver, por última vez, a su ídolo.
Fue velado en el Congreso de la Nación, el matrimonio presidencial envió una corona y un pésame a través de su Jefe de Gabinete de Ministros e importantes medios internacionales no dudaron en titular la muerte del “Elvis Argentino”. Incluso, y superando todo límite creativo, se creó un sitio donde las “nenas” pueden subir las fotos de bombachas como último tributo a su ídolo (ya hay más de 200 en línea)
El surgimiento de fenómenos como el de Sandro es difícil de explicar y no está sujeto a cuestionamientos. Yo mismo fui a verlo cuando se presentaba en el teatro Gran Rex y batía récords de espectadores pero compararlo con Gardel o Elvis sin tener en consideración el abismo estético que separa a estos artistas es, al menos, una pavada mayúscula.
Sandro murió por complicaciones luego de un trasplante de corazón y de ambos pulmones. Para realizar dicha intervención quirúrgica se necesitaron más de 70 colaboradores e incluyó el traslado del ídolo a Mendoza utilizando ambulancias, policía, bomberos y hasta un avión. Al mismo tiempo que Sandro, moría también un chico de 3 años que vivía en Lomas de Zamora, luego de varios días de agonía, porque la ambulancia que debía trasladarlo desde el Hospital Allende al Hospital de Niños para tratarlo de un balazo en la cabeza demoró más de 5 horas.












Triste, pero así es nuestro País.
Salu2
Sip. Eso de que “la muerte nos iguala a todos” es una gran falacia. Muy bueno el post, Colo.