El sudor frío le corría por la frente, su ritmo cardíaco aumentaba a cada segundo, ya no parpadeaba, sigilosamente medía el movimiento de su enemigo, secaba sus manos contra su pantalón y miraba atentamente para evitar imprevistos.
Salió del auto casi sin hacer ruido, cerró la puerta con el mayor cuidado posible, se deslizó entre los autos como una serpiente en un pastizal. Agazapado recorrió los últimos metros de su carrera. Sacó las llaves de su bolsillo para que nada pueda demorarlo.
Sólo siete metros separaban el cielo del infierno. Sabía que debía salir rápido, que sólo habría una oportunidad, que cualquier movimiento mal programado o ejecutado podía cambiar su suerte. Ya eran las seis de la mañana y por las grandes ventanas de vidrio podía imaginarse el amanecer en Buenos Aires.
Comenzó su carrera hacia la libertad, luego de dos pasos en dirección a la puerta y desde el fondo se escuchó un ruido escalofriante. La velocidad de los dos cuerpos en movimiento fue creciendo. La persecución se había iniciado, como dos leones en la sabana los cuerpos se movían con notable rapidez pero con mucho cuidado.
Te detectó, comenzó el momento de cambiar la estrategia, mirás el reloj, revisás el celular aunque sea imposible que suene a esa hora, ponés cara de preocupado.
-¿cómo estás? ¿No tenés un minutito que te quiero contar una cosa que me pasó? – le dijo el sereno del garaje mirándolo fijamente y sujetándolo del brazo.
-Sí, claro Víctor, decime- le respondió sabiendo que durante 40 minutos no iba a por retirarse del lugar teniendo que escuchar historias sin sentido sin siquiera poder emitir una palabra. Que una catarata de vocales y consonantes le iba permitir saltar de una historia a otra sin demasiada más excusa que hacer un relato lo más largo posible, que no iba a terminar nada de lo jamás empezó a contar.
Los serenos quizás sean los inventores del lenguaje hipertextual, cualquier palabra le puede disparar otra historia y abordarla por la mitad abandonando la anterior antes de finalizar. Miles de palabras puestas en sus historias vinculan hasta el infinito, otras historias, que se unen con otras historias y otras más.
Ya era de día en Buenos Aires, se escuchaban las mangueras de otras criaturas que habitan la ciudad. La misión había fracasado, otra vez te había atrapado el sereno.











Lograste, CF, que te imagine por primera vez al volante de un auto. Sublime.
ahora entiendo por que me dijiste que te acordaste cuando escribías el post. De paso te cuento que anoche, cuando pasaba por la puerta del garaje, abriendose se paso entre el escaso tráfico, al grito de BUENAS NOCHES BUENAS NOCHES!!! El muy HDP me capturó de nuevo. Cruzó la calle corriendo podes creer!!!
Ojalá que el chalet de chela tuviera un garaje. Quién sería nuestro sereno?