Mediodía del martes, de este martes, del otro martes, del martes pasado o de un martes cualquiera. Calle peatonal Florida, la de los negocios, la de la gente, la de las oficinas, la de los turistas, la de los celulares por todos lados, la de los panfleteros, vendedores de cueros, compradores de baratijas, artesanos crónicos. Todo está lleno, la superficie se encuentra cubierta, todo circula como una inmensa masa descoordinada. Una aglomeración preocupada por todo y por nada, cínica y abyecta.
Todos hablan por celular, miran los celulares, envidian los celulares de otros. Fruncen sus ceños por no escuchar claramente lo que le quieren decir, fruncen el ceño por entender lo que le están diciendo. Fruncen el ceño, todos fruncen el ceño. Un anciano junta cartones, un impúber cartonea ilusiones de dólares. Ambos tienen el ceño fruncido. Un maremágnum de pordioseros con sus ceños fruncidos adornan las orillas de la calle.
Hasta los músicos que habitan esas calles fruncen el ceño, los folcloristas con su falsa impronta telúrica, los tangueros ávidos de turistas con cámaras atiborradas de megapíxeles, hijos bastardos de pandillas rumanas masacrando sus acordeones de plástico, cantantes de ópera representando el pánico que les produce la scala, desgarbados imitadores de Dylan con guitarras pero sin talento, mutilados, parias, soñadores, ilusionistas. Todos fruncen el ceño, todos menos uno.
Al final de la calle Florida cuando se interpone casi esplendorosa la Avenida de Mayo, un jóven bandoneonista solitario hace una rara versión de “Nunca tuvo novio”, decide no cantarla, pero no soporta no tararearla. Nadie se detiene, nadie lo escucha, todos lo esquivan. Sólo está acompañado por un hombre dueño de muchísimos años, de cejas enormes, de orejas puntiagudas y de expresión seria que lo escucha de pie y con los brazos cruzados.
Una vez terminada la interpretación de la pieza, el viejo se le acerca aún más y le suelta un “otra” a viva voz. El joven, tímido aunque orgulloso le da las gracias asintiendo con la cabeza y dejando escapar una sonrisa, la única sonrisa que vi en Florida este martes. En un giro misterioso, con voz aún más fuerte y el ceño aún más fruncido, el anciano vocifera: -¡otra, otra, otra… otra vez hasta que la aprendas, burro!-mientras se retiraba del lugar vilipendiando al músico y a su instrumento.
Al ver la situación del músico que extraviado intentaba olvidar lo sucedido y se prestaba a tocar “por una cabeza” a fin de intentar atraer la atención de algún turista, una mujer lo palmea en la espalda le pregunta: -¿cómo te llamás?-
- Ricciardi, Héctor Ricciardi, le contesta entre escrupuloso y desconcertado
- A mí me gusta mucho como tocás, te escucho desde la oficina todo el día mientras completo las planillas aunque ese tango no me gusta, quizás porque yo tampoco nunca tuve novio- le respondió ella mientras su mirada se perdía lentamente.
El joven que no sabía si agradecerle o disculparse comenzó a interpretar “mala entraña” ya sin esperanzas de ser escuchado por alguna persona. La señora siguió su rumbo camino a Plaza San Martín eludiendo a su paso repartidores de panfletos, promotoras de perfumes y vendedores de celulares.
Al llegar exactamente al extremo opuesto de la calle Florida, la mujer se detiene un instante en la joyería Ricciardi. Con un suspiro piensa “si algún día tengo un novio quiero que me regale un anillo de esta casa o un anillo y un collar… aunque sólo me conformaría con un novio”.
No sé si este relato cumple con lo pautado en el MEME propuesto por Mati, pero a veces en la calle Florida se encuentran más cosas que en el mismísimo Google.











Cumple, Colo, cumple. Pero falta la otra parte, que contagies a otros blogueros para que continúen con el meme. Es la esencia del juego.
Me gusto eh! muy lindo
Muy simpatico el post. Es verdad que en Florida se ve cada cosa…el “espectáculo” de tango que hay siempre entre las galerías Pacífico y C&A debería tributar impuesto a las ganancias y además pagar SADAIC, solo le faltan las tribunas. De hecho, Colo, le envidiarías el equipo de audio para tus fiestas “peluche” !
Me gustó el blog de entretanto, che! y las fotos en flikr, muy buenas.
Cheers,
N.
¿Nico? ¿Qué Nico? ¿Algún Ricciardi? Como sea, gracias por el piropo. Y bienvenido.
Gracias por la bienvenida. Efectivamente, un Ricciardi.
Lindo Colo. Habras querido escribir Cínica y abyecta, supongo. Cuidado con tus atentos lectores. Abrazoooo!
Buenas, buenas, ya que se habla de Florida, les dejo una advertencia, para que no tengan que atravesar el peliagudo momento que viví hace algún tiempo: El baño del Mc Donalds que está a una cuadra de Pza. San Martín, es un nido de muchachines delicados (‘invertidos’, como diría mi abuelo), que acosan a lo que venga.
Recuerdo que tuve que salir casi corriendo, mojando incluso mis pantalones recién planchados.
En fin, era eso nomás. Ya están avisados.
Ah, otra cosa: el Nico que aparece en estos comentarios, ¿no será aquel electrizante delantero que supo deleitar a la afición toda de la gloriosa Asociación Atlética Defensores de Maschwitz, no?
Estimado Sr. Juan de los Palotes: soy el mismo que aún deleita a la afición de esa afamada escuadra futbolística (recientemente ascendida a la categoría superior en el campeonato que actualmente disputa). Solo que he descubierto los secretos del puesto que antaño desdeñaba, y me he dedicado a la impoluta tarea de quebrar los tobillos de los que osen pasar cerca del área propia. Finalmente he encontrado la luz, como suele ocurrir, donde menos los esperaba. La belleza de una pelota bien trabada, un despeje fuera de los límites del campo de juego (y más aún si alcanza alguna vía rápida interurbana), un codazo certeramente aplicado a tiempo, revelan para mí muchos más secretos del universo que la mera exhibición de destreza innata. O como diría nuestro actual conductor de la (aún pálida) escuadra nacional: “Esto es futbol, nene, no mancha.”
Cheers
N.
PS: develaremos su verdadera identidad sin demora y a cualquier costo.
jajaja, me parece muy bien el nuevo rumbo que imprimió a su carrera futbolística, que -vamos a decirlo- no está precisamente en sus comienzos.
En cuanto mi identidad, me temo que no alcanzo a comprenderlo, pues jamás la he ocultado: soy Juan de los Palotes Medrano, licenciado en ciernes, pensador bolivariano, y fisicoculturista.
[...] Ricciardi, Curda Floja [...]