Tenía que encontrar uno. ¿Cómo puede ser que después de haber visto tantos durante tantos años en algunos instantes todos ellos hayan desaparecido? ¿Dónde están? ¿Quién se los llevó? Decidí encontrar alguno, al menos uno, para recordarlos más vivamente, para volver a escuchar sus ruedas sobre las baldosas, para no ponerme a pensar en teorías absurdas acerca de su extinción.
Decidí caminar hacia el trabajo y volver por otra ruta, garantizando de esa forma pasar por los mercados que existan camino a mi casa. Me aseguré durante un par de días de localizar todos los almacenes, mini mercados, supermercados chinos e hipermercados que existieran por la zona para diseñar una ruta que pudiese cubrir a todos ellos.
Estudié el camino de la gente mayor del barrio, intenté conocer sus horarios, sus recorridos y sus costumbres que con el tiempo mutaron indefectiblemente en mañas. Estaba todo listo, había sido cuidadoso en la preparación, meticulosos como pocas veces antes en mi vida, todo estaba planificado, repensando, programado, había calculado tiempos, distancias, imprevistos, ciclos de semáforos, el cruce de la maldita Avenida 9 de Julio.
En el horario estipulado el salí de la oficina, antes de cruzar la puerta volví a chaquear la hora. El plan no permitía errores. Intentaba no seguir elaborando teorías acerca de la desaparición de estas piezas maravillosas para no perder la concentración. Caminé ansioso aunque no muy apresurado, miraba furtivamente a mi alrededor esperando encontrar uno, mi cabeza daba giros repentinos en busca de alguna sorpresa. A medida que las cuadras continuaban la desesperación crecía, no había huellas, rastros, vestigios, trazas o pistas.
Llegando a casa entendí la misión como una quimera, durante las últimas dos cuadras comencé a perder el interés, mis manos ya no estaban húmedas, la ansiedad no me intimaba a fumar como un desquiciado. Puse mis auriculares en mis oídos para terminar de escuchar la versión de “Rencor” de Julio Sosa.
Hablando con distintas personas intentamos elucubrar distintas teorías: que ahora te lo mandan todo a domicilio, que tenés que buscarlo en los barrios más barrios, etc. No sabemos donde están, no estamos al tanto de quién se los llevó, no entendemos por qué desaparecieron, pero está confirmado: no existen más “changuitos para hacer las compras” en Buenos Aires, hoy sólo son tristes accesorios de pretensiosos supermercados.












Cordoba y Rodriguez peña. En la esquina hay una inmobiliaria, pegado, sobre Cordoba, encontraras tu preciado artefacto
me olvidaba, la tecnologia tambien ayuda:
http://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-29293901-chango-para-hacer-compras-_JM
http://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-29582374-chango-changuito-de-compras-calidad-y-precio-_JM
Gracias
El post me pareció muy bueno. Pero lo de Mercado Libre del Cadaver es mortal. Dos reflexiones: uno de los carritos que encontro es de Ramos Mejía, ergo, queda fuera de la lista del Colo que solo chequeo la ciudad de BsAs, no el conurbano. Ese sale la friolera de … cuarenta y seis pesos !!!!! y la web trae una sola foto, borroneada. Ojo que esta pintado al epoxi ! Y el otro sale unos modicos diez mangos, es usado y está “cocido” (sic) al costado. El vendedor se ocupo de dejar cuatro (!) fotos del artículo.
Colorarios del libre mercado: a medida que la demanda de changuitos se reduce (siguiéndole la oferta), sube la demanda de fajas para la cintura, fogoneada por los changadores del delivery y los supermarkets que accedan a los pedidos de sus empleados (seguramente no sin antes haber experimentado un par de juicios por accidentes de trabajo).
cadaver, lamento decirle que creo que en este caso el autor inventa un relato para alertar a la población sobre la falta de carritos, es obvio que usted puede encontrar cientos de ellos aún, pero no con la frecuencia de hace ya algunos años.
O el autor es efectivamente un curda como su nombre lo indica o es un orate para recorrer súpermercados y creo que tampoco es cierto que estuviera nervioso por encontrarlos.
Sospecho que es un recurso parecido, aunque no tan vendedor, como el que usan los ecologistas que cuando ven una especie en peligro de extinsión le inventan una leyenda que se la atribuyen a los indígenas de la zona.
Colo, pegáte una vuelta por el Mercado de San Telmo
Hay de todos los colores, modelos y años -diesel, nafteros, 4×4 y tracción simple… vos elegís! Es una fiesta escuchar el brrrr de las rueditas contra las baldosas rugosas -y en ocasiones machacadas- de San Telmo.
Además, hay un bazar dentro del mercado que vende unos bolsos de colores divinos, por si querés prescindir de las rueditas viste… besos!
Lindo post Fede. A mi lista de imágenes a retratar voy a sumar la de los changos de hacer las compras (si veo alguno). El recorte excluye mercado libre porque las fotos de pantallas de pc no están tan buenas..
Anonimo:
Veo que no entendiste NADA del blog
Gracias igualmente por tu comentario.
Al resto:
Mercadolibre es como el San Telmo de la cibernetica (despues de tomarte un San Telmo de exportecion, comprado en http://www.outletbar.com)
Ahahah. Ahora entiendo todo.
Si mal no recuerdo, he visto changuitos por el barrio. Eso sí, algo más grandes, no vaya a ser que no entren los galones de leche y gatorate.
Omití decir que “el barrio” es Woodside, en Queens [NY].
Colo: Los carritos que no encontras estan todas las noches en las calles conducidos por los cartoneros. Los minoristas usan changuitos, los medianos usan carros de Supermercado y los mayoristas viajan con grandes acrros en el tren Alberto
Yo vi uno en el museo de costumbres barriales del S XVIII de balvanera. Exitos.