Tanto Adidas como Flimus, nos invitan a consumir dos elementos iguales pero dispuestos de distintas maneras. Y en el caso de la redacción el orden de los factores no sólo altera el producto sino que es el producto mismo.
El siempre distinguido lector de este humilde blog entenderá la abismal diferencia entre la frase “imposible es nada” y “nada es imposible”. Si bien la campaña de Adidas está representada bajo la connotación de nada es imposible está claro que el hecho de haber puesto las palabras al revés es discrecional y no significa “nada es imposible” en tanto que connota otra cosa.
Tampoco se le puede adjudicar esta responsabilidad al idioma, Adidas perfectamente pudo haber dicho “Nothing is impossible” en vez de decir “impossible is nothing”. En cambio, el ya derrotado candidato a Jefe de gobierno, lanzó otro tipo de piedra: comenzó a intentar captar desesperadamente cualquier tipo de voto de la manera más vulgar y peligrosa posible, vendiendo la ilusión, manipulando ambiciones, atrayendo con un mensaje tan abyecto como seductor, queriéndonos hacer creer que nada es imposible.
Desgraciadamente para él, el mundo está lleno de imposibles y esos imposibles son los que le dan sustento a la inocencia y a la ilusión. No existiría la fábula, la fantasía, la poesía, ni siquiera la ficción sin imposibles. Y aunque la ficción sea superada incansablemente por la realidad, esta se regenera y se reconvierte en una nueva ficción. Un claro ejemplo de esto va a suceder el próximo domingo y acá le traigo la segunda mala noticia al candidato: es imposible que usted gane. Como también es imposible que usted solucione todos los problemas de la educación en una semana o que multiplique el vino y las tiras de asado para acabar con la hambruna que azota a gran parte de nuestra población.
Como si esto fuera poco y no contento con ese fatal mensaje le suma el condimento de las convicciones, lo que termina resultando una construcción no sólo completamente falsa, sino que deliberadamente errónea. “Con convicciones nada es imposible” no sólo parece un slogan berreta y rancio de algún libro de Paulo Cohelo sino que me parece que esto se torna aún más grave teniendo en cuenta que el afiche donde aparece esta oración esté acompañada de la cara del Ministro de Educación. Sólo le resta posar abrazado a Harry Potter.
Los techos caídos en las escuelas públicas, los cuerpos calcinados en la República Cromagnon, las mafias enquistadas en los aparatos oficiales, la prensa amordazada, los chicos en la calle durmiendo a la intemperie y consumiendo veneno y la justicia ausente son el resto de las ilusiones que desaparecieron. La inocencia, una vez más, fue robada por una clase dirigente impúdica, avara, siniestra, que nos vuelve a decir que nada es imposible, que necesita renovar la fantasía para volver a generar un vínculo que le permita abusar de la gente con una impunidad asombrosa.
En el otro rincón, el otro pretendiente a la gobernación de la ciudad juega alegremente con otra ilusión, igual de peligrosa, la de creer que las convicciones no son necesarias, que una gestión eficiente no dependerá de ninguna manera de la ideología. Ese discurso de la anti-política renueva otra ilusión que también se desvanecerá o ¿no resulta evidente que las cacerolas no devolvieron los dólares? o ¿que las asambleas populares no lograron que absolutamente nadie abandone un cargo?
Macri representa lo contrario a lo político, un ser tan absurdamente pragmático que tiene el coraje suficiente para hablar de los baches en una ciudad colapsada por el paco y la miseria, que tiene en su discurso un pragmatismo tan gélido que colabora en la ilusión de creer que es posible que desaparezca la política, que se “vayan todos” los que tienen ideología y convicciones.
Con su campaña definitivamente ganó millones de votos, en términos cuantitativos parecería ser un éxito a todas luces: que un empresario devenido diputado que apenas conoce el congreso, hijo de un odiado millonario señalado como corrupto por gran parte de la población, con un discurso tan llano como vacío de contenido, con propuestas que definitivamente no proponen absolutamente nada, con una incoherencia discursiva demostrada tan evidentemente, llegue a tener la cantidad de votos necesarios para gobernar la ciudad es definitivamente un logro importante. Un logro de la publicidad, no de la política.
Esta construcción PRO, que por cierto se robó hasta el nombre el cual le pertenece a otro partido político, parecería ser por momento un trampolín donde algunos astutos y a veces ladinos políticos saltan para conseguir otros cargos. ¿Con qué cara puede Macri criticar a Borocotó si en definitiva no es otra cosa que el producto de su discurso? si no son necesarias las convicciones, ¿porqué no mudarse de partido una vez finalizada la campaña?
No pretendo que las campañas políticas no vendan ilusiones. Eso sería, aunque Filmus no lo crea, imposible. La política también debe renovar la ilusión no es malo que esto suceda. Pero en algún momento la ilusión debería volverse real, aunque sea algunas de las promesas que construyen la fantasía electoral debería cumplirse. No es bueno dejarse gobernar por la dictadura del spot y el afiche.
Macri ya ganó la elección, aunque esta sea dentro de algunos días, porque perdió la política. Y la política no perdió por culpa de Macri sino porque la gente que en algún momento creyó en las personas con convicciones se siente naturalmente defraudada, estafada, abusada. Macri le ganó a Filmus no por mérito de Macri sino por culpa de Filmus.











Colo, lo que decís es cierto; tan cierto que me queda una duda. Por un lado, es evidente que los políticos necesitan de los spots y slogans, a.k.a el “garketing”, para darse a conocer entre el electorado (vos y yo, de hecho, experimentamos el efecto del buen-partido-poco marketing). Por otro lado, el garketing es percibido por muchos de nosotros como un vocero mentiroso, manipulador; nos deja siempre ese sabor plastificado, esa sospecha del doble fondo, doble discurso, doble cara. Cómo saldás esa paradoja? La política necesita el marketing; pero aparentemente el marketing nunca va a ser lo suficientemente bueno, transparente, como para reflejar la realidad del objeto presentado (suponiendo que tenemos un candidato decente). Qué sería para vos una buena campaña de marketing político? Qué se necesita para que el marketing alcance el estandar de la “buena política”?
Este marketing tan fundido con el capitalismo que yo no se si a este Filmus o al otro Macri tengo q votarlos o tengo q comprarlos…
Creo que deberian venderse como kinder sorpresa…
yo creo q el marketing en una campaña politica no deberia ser mas que una herramienta para poder mostrarle al pueblo los Ideales, los Proyectos y sobre todas las cosas, los Valores de un candidato o de un partido.
No sé hermano. Ojalá la política no pierda. Mafesoli dice que las ideologías están saturadas, que hace falta reescribirlas con instancias de proximidad. En todo caso eso es lo que hizo Macri.
La gente siempre vota ideología. El tema es que la derecha se supo comunicar con el electorado mejor que la izquierda.
En todo caso la solución de la proximidad – el bache, el subte, la basura – es más interesante como imposible que “el modelo”.
[...] a lo que fue un poco la campaña. Primero el afano de PRO a la publicidad de PlayStation, la reflexión sobre el slogan de Filmus y Adidas. Cuando el presidente Kirchner se metió con los ‘90 (para intentar [...]
Colo (¿?)
Tu Blog Está muy bueno.
Saludos,
Ric